La cerámica es un oficio que para su realización es imprescindible un adecuado espacio físico. El taller, pues, se convierte en un lugar esencial.

Su taller, tal como cabe esperar, está perfectamente ordenado, cada cosa en su sitio, perfectamente etiquetada y todo muy organizado, a la par que intensamente vivido y nada sofisticado. Todo son materiales de recuperación que han encontrado su lugar con toda naturalidad: los botes de cola-cao contienen esmaltes y barnices; las cajas de fruta, decoradas, sirven de contenedores en un viejo verdulero y ahora se utilizan para guardar lápices, gomas, yeso, etc. para las clases que imparte en este taller. Se nota que son herramientas que se utilizan a menudo y que vuelven a su lugar al terminar el trabajo, porqué Rosa no sólo es ordenada sino que ha sabido transmitir este hábito de trabajo, tan necesario para una buena convivencia, y que se hace imprescindible cuando se comparte un taller. En los estantes, cada alumno tiene su espacio, bien rotulado, con sus trabajos en curso. Y no hace falta decir que los suyos propios están también donde les corresponde. Maria Dolors Giral; historiadora del arte, exdirectora del Museo de Cerámica de Barcelona.