“¿Cuando se acabarán las dudas sobre la aportación de la cerámica a la historia de la humanidad? ¿Cuando se reconocerá nuestra dilatada historia y el enorme calado de nuestras señas de identidad? Pero resulta que además de historia tenemos un portentoso presente lleno de creatividad, que nos garantiza un futuro prometedor”
Antonio Vivas Zamorano; crítico de arte. Director y editor de la revista “Cerámica”.

Els segles XX i XXI a les col·leccions...
Casanovas, Mª Antonia; crítica de arte, directora y conservadora del Museo de Cerámica de Barcelona
«Contemporáneos»
En: Los siglos XX y XXI en las colecciones del Museo de Cerámica de Barcelona. Barcelona, 2008

Cortiella es una ceramista ingeniosa y original de gran personalidad que se ha mostrado siempre interesada por la riqueza plástica de la arcilla y por los ornamentos de colores, los más vibrantes del mercado. Liberada de cualquier convencionalismo teórico, trabaja espontáneamente en la creación de instalaciones de gran fuerza expresiva y sorprendentes tonalidades. Sus primeras obras, a pesar de ser conceptuales, delataban un cierto respeto a las formas tradicionales. En la actualidad, sin dejar de lado sus orígenes, prefiere seguir adelante investigando con otras nuevas. Le gusta transgredir, superar conceptos preestablecidos, cultivar la ambigüedad, crear equívocos. Y lo hace ocultando las propiedades matéricas de la arcilla, camuflando las formas a base de la utilización de colores ácidos, desorientando el ojo del espectador, sometiéndolo a la observación.

El elenco de colores que utiliza ya no pertenece a la gama cromática tradicional de los colores cerámicos, sino que hacen referencia a las tonalidades de otros materiales sintéticos y artificiales. En este paraiso de colores estridentes que recuerdan a los que se utilizan para teñir los tejidos étnicos, Cortiella encuentra los que se adaptan a sus obras, los que enfatizan sus diseños, los que caracterizan su personalidad artística como puede verse en su instalación “Camuflatge” compuesta de ocho troncos delgados, irregulares y fusiformes, de color negro y estrías naranjas que cuelgan del techo, rozan levemente el pavimento y destacan de un fondo color naranja, que ocupan una esquina de la sala contemporánea del Museo. Para ella, una obra debe iluminar desde dentro, respirar y moverse a través del color. Debe ser porosa a las sensaciones y despertar los sentidos.

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